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Alfredo Díaz “César Manrique insistía en que había que enseñar a mirar para finalmente ser capaces de ver”

Alfredo Díaz, es portavoz de la Fundación César Manrique y director de su departamento pedagógico

El día 17 de julio, a las 20:00 horas, protagoniza la tercera jornada de la sexta edición del Campus de Etnografía y Folclore de la ULPGC, que se celebra hasta el próximo día 19 en la sede de las Casas Consistoriales de Ingenio, en el marco de la XXIV edición del Festival Internacional de Folclore de Ingenio ‘Muestra Solidaria de los Pueblos’ que impulsa la asociación cultural Coros y Danzas del citado municipio.

Díaz comparte mesa con el escritor Alexis Ravelo y la profesora titular del Departamento de Arte, Ciudad y Territorio de la ULPGC, Ángeles Alemán, quienes a las 21:00 horas, hablarán de la obra y la dimensión del compromiso ético de un artista cuyo legado aún está vigente.

Entusiasmado por la comunicación y la educación en la sensibilidad con el arte y la naturaleza, Alfredo Díaz ha presentado ponencias en numerosos foros universitarios del país y es autor de diversas publicaciones sobre el pensamiento, la obra y el modelo de desarrollo turístico que Manrique propuso e implantó en Lanzarote.

¿Podría avanzarme alrededor de qué aspectos o contenidos girará su intervención en el Campus de Etnografía y Folclore de Ingenio?

Intentaré comunicar uno de los fundamentos que explican la complicidad positiva que César Manrique mantuvo para sustanciar su obra de intervención en él paisaje de Lanzarote. Me referiré a lo que el denominaba “enseñar a mirar para finalmente ser capaces de ver”

¿Desde qué dimensión cree que la producción de Manrique aborda el elemento del folclore y lo popular?

Quizá sea en sus primeros años como artista cuando Manrique toma como referencia plástica elementos extraídos de la cultura campesina y pesquera de Lanzarote, que lejos de recuperar sensu stricto, los descontextualiza traduce desde una interpretación moderna. Por lo tanto, estamos ante un artista que hace evidentes gestos al costumbrismo y a las tradiciones de su Isla que señala y pone en valor.

La figura y la obra del artista atraviesa las islas convirtiéndolo en un icono social, en un ser querido en distintos ámbitos cuya imagen y trascendencia sigue proyectándose de generación en generación. ¿En dónde estima que radica el poder de esa admiración pública que le sigue profesando Canarias sin distinción de credos e ideologías?

Sin lugar a dudas, la obra de César Manrique su pensamiento y compromiso con el patrimonio natural y cultural, así como con la modernidad a la que nunca renunció, atesora una absoluta vigencia en los tiempos que nos toca vivir.

Un discurso que no sólo atesora vigencia, sino que es necesario y de urgente aplicación.

La valentía con la que César defendía sus principios lo convirtieron en un icono social calando profundamente en el imaginario de cualquier ser medianamente sensible con la vida y sus escenarios.

También es oportuno decir que la defensa de esos principios y convicciones y la vehemencia con la que César las expresaba, le llevaron a ser muy incómodo para determinados poderes económicos y políticos a los que como él decía” despreciaba profundamente”.

¿Cuál es la finalidad de la labor que desarrolla en la Fundación el Departamento Pedagógico que usted dirige?

Desde el inicio de la FCM, César tuvo muy claro la necesidad de que su Fundación contara con un departamento pedagógico cuyo fin no era otro que acercar a la comunidad educativa su pensamiento y su obra.

Este ha sido el reto que asumí gustosamente desde el inicio de la andadura de la institución. Así, en estos 27 años, he tenido el placer de trabajar con más de 70.000 alumnos y casi 5000 profesores, de Canarias y del resto del Estado, gracias a distintos programas didácticos, talleres, charlas divulgativas etc.  Además de otro tipo de grupos, fuera del ámbito académico como drogodependientes, colectivos de personas con capacidades diferentes, asociaciones de tercera edad, etc.

 ¿A su juicio, cuál es el reto al que se enfrenta la política de proyección y difusión en el exterior de la obra del artista impulsada por la Fundación desde el ámbito de una isla geográficamente alejada de las plataformas de influencia cultural?

El compromiso con la cultura. Le hablo del compromiso irrenunciable en su sentido más originario. A nuestro juicio, ello implica la voluntad de pensar libre, formulando preguntas y ofreciendo respuestas independientes, argumentadas y cualificadas.

Por otro lado, está el compromiso con el entorno físico, paisajístico y territorial de Lanzarote y, obviamente, mantener vivo el espíritu de César.

Cuando miramos atrás, después de 27 años de andadura y desde una Isla que está en la ultraperiferia de la cultura, la valoración no puede ser más que positiva

¿Qué le apetecería que quedara indefinidamente fijado como hito en el año en que se celebra el centenario del nacimiento del artista?

Nos gustaría que quedara la idea de ver a César como él se definía; “yo soy un contemporáneo del futuro”. Que quedara ese César que nos enseñó a mirar y ver la riqueza natural y cultural de estas Islitas.

Que quedara el César comprometido y fuésemos capaces de convertirnos en “cómplices” en la defensa de estas Islas únicas de las que se sentía tan orgulloso… Siempre decía que los canarios no sabíamos la suerte que teníamos de desarrollar nuestras vidas en estas Islas…

Por último, me gustaría que habitara en el corazón de los canarios de aquí y de allá, el compromiso de gestionar con responsabilidad este valiosísimo patrimonio natural y cultural que hemos heredado y que deberán heredar en el mejor estado de conservación posible, las generaciones futuras.

¿Cree usted que César Manrique estaría orgulloso y satisfecho de los niveles de desarrollismo que ha experimentado Canarias desde que nos abandonó?

No, no puedo decirle lo que César diría. Sí sé lo que dijo y sobre lo que advertía. Sé de la incomodidad que le provocaba la progresiva destrucción del patrimonio natural de estas Islas en aras de un progreso mal entendido. Hoy la FCM asume ese legado, ese compromiso del artista. Asume su patrimonio material y moral y su compromiso con Lanzarote. Así, como hizo César, tratamos de conectar la reflexión con la acción proponiendo miradas sobre la realidad desde la perspectiva de la cultura crítica con la clara intención de contribuir a transformar o mejorar la realidad.

Para la FCM son pilares irrenunciables el arte, la naturaleza, el territorio y el control del crecimiento turístico de estas islas.

¿A su entender cuál debe ser la misión pública que deben cumplir hoy en día los centros como es el caso de la Fundación en el contexto del progreso cultural de las sociedades?

César afirmaba que la cultura es el mayor negocio de un pueblo. Sin duda la cultura crea ciudadanos libres con capacidad crítica. En eso ha estado y estará la Fundación. Si desde nuestras limitaciones hemos podido contribuir a ello, estaremos más que satisfechos.

¿Qué recuerdo conserva de Manrique que nunca se aparta de su memoria?

Lo recuerdo vital, alegre y a la vez enérgico y contundente en la defensa de sus convicciones. Era cercano y entrañable. También vehemente y categórico cuando tenía que decir a la cara lo que pensaba y defendía.

¿Y cómo deberíamos todos recordarlo?

Quizá como un ser apasionado, libre, comprometido y feliz. También, universalista y rabiosamente moderno. César era un enamorado de LA VIDA. Todo lo reducía a una frase; “vale la pena VIVIR”.  César, ese soñador de utopías que fue capaz de sustanciarlas en Lanzarote. Un artista creador de belleza que jamás renunció a su compromiso ético con el tiempo y el espacio que le tocó vivir.

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