Con 'La Pluma del Faycan' para El Mostrador

Gregorio Viera: “Listas”

Se suele presumir que la lista la conforman la gente más preparada, más capaz para afrontar los retos que una administración requiere…

Luego te das cuenta que esa formación de la que se presume, carece de valor para afrontar el día a día

Buenas tardes a todas y todos. Gracias por compartir una tarde más un comentario con otra visión, otros ojos, otra pluma. Hoy: Listas”

Con la convocatoria de elecciones para el Congreso y el Senado el próximo 28 de abril, se ha abierto la posibilidad, antes de lo previsto, del paseíllo de quienes se postulan para conformar las lista o planchas electorales, no solo para las generales, también para las europeas, autonómicas, insulares y locales. Asistimos pues, a una sobreexposición de mensajes con el único fin de ser considerados o consideradas como personas válidas para esas listas. Esto afecta a todas las formaciones políticas, bueno a casi todas las que eligen de forma democrática a las mujeres y hombres que les va representar, las otras, ya sabemos que el dedo determina mucho, quienes estarán o quienes no.

Las listas deberían ser un instrumento que los partidos ponen a disposición de su militancia para elegir libremente, sin obstrucción de ningún tipo, que sea más bien una apuesta por la transformación social, partiendo de las capacidades y sobre todo del compromiso con lo público, aderezado con la actitud y la aptitud. Escuchaba recientemente en un debate en la radio, que los equipos tienen que estar cohesionados y sobre todo, leales y comprometidos con su programa, pero, ¿y cuando el programa al cual se alude viene determinado por un acuerdo a dos, tres o mas grupos?, un acuerdo de gobierno básico para sacar adelante los temas más importantes que se han puesto sobre la mesa y que todos los interlocutores políticos están de acuerdo. La cohesión, la lealtad y el compromiso conviven entre lo que propusiste como programa y lo que se acuerda como gobierno. No parece claro este último rasgo pues en el debate al cual aludía, se exponían barbaridades de cara a la galería, ahora que hemos entrado en campaña.

Campaña que ya no se restringe al periodo que según la ley establece, según la misma, comienza el próximo 12 de abril, sin embargo, llevamos en precampaña desde hace ya mucho tiempo, escuchando soflamas en todas las direcciones, mentiras incluidas, donde se pone de relieve que no importa la ciudadanía, importa la mentira y el populismo. Las falsedades y mentiras que están utilizando algunos partidos parecen no tener límites y esto es aprovechado por quienes quieren ganarse un puesto para representarnos en cualquier institución.

Repiten los mantras, da igual que sean falsos para hacerse un hueco. No importa el disparate, la gente se olvidará de eso y una vez elegidos o elegidas las mentiras serán menos mentiras, blanqueando así los discursos más populistas, los discursos contra las minorías, las mujeres y sus derechos. Esas listas no pueden ser el reflejo, la sombra, ni siquiera el pago a quienes hacen la ola a quien encabece la misma. Los partidos tendremos que huir del falso discurso “esta lista está conformada por lo mejorcito de cada casa”, ¿lo mejor como se mide?, ¿por lealtad?, si fuese así, ¿a qué o quién esa lealtad?, ¿al proyecto, al partido, a quien lidera la lista? En política se viene a trabajar, a poner lo mejor de cado uno para que podamos mejorar la vida de las personas que viven, trabajan y comparten el territorio que representas, pero también, a quienes día a día trabajan en lo público, dotándoles de las herramientas necesarias para hacerlo, con formación y recursos.

Se suele presumir que la lista la conforman la gente más preparada, más capaz para afrontar lo retos que una administración requiere, luego te das cuenta que esa formación de la que se presume, carece de valor para afrontar el día a día, ni siquiera la juventud, madurez, etc., son por sí mismas un valor para gestionar lo público, cuando se carece de los principios más elementales que los seres humanos valoramos como la justicia social, la igualdad, la libertad, la solidaridad, la honestidad y el pluralismo. Cuando queda demostrado que nuestras actuaciones públicas tienen consecuencias sociales, que nuestra empatía y predisposición o la falta de ellas, acerca o aleja posiciones de consenso y que a veces somos incapaces de ponernos en la piel del otro u otra, entonces tenemos que decidir qué tipo de lista queremos. La grandeza se mide no por contentar a todo el mundo, es fácil hacerlo a unos y ponerse en contra a otros, sino por ser consecuente con los principios que deben regir la representación de la ciudadanía, su mejor representación, sin que ello lleve implícito pago de peaje, si hay que hacerlo sería mejor que no se hagan listas participativas y se siga, aplicando el dedo, listas a dedo…, con la pluma del Faycan.

Con la Pluma del Faycan: ‘Listas’

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