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Opinión-María Sánchez: Costumbres de mi tierra. ‘Calados e Hilados de Ingenio’

La Artesanía Popular Canaria, así como la de cualquier otro país, merece todo el respeto y consideración pues con ello estamos respetando y recordando a nuestros mayores

Sin olvidar que gracias a ella nuestros antepasados llevaron el pan a sus casas

En los años setenta, ochenta y casi hasta los noventa, el que las mujeres estudiaran no era lo más normal. Esto lo hacían las más privilegiadas o aquellas que sus padres podían permitirse el costear una carrera.

Los estudios estaban más reservados para los hombres. Las chicas, una vez que salían del colegio, se apuntaban en la costura donde aprendían el corte y confección diseñado por “Sistema Amador”

Pero, no eran todas las que se inclinaban por andar entre reglas, patrones y telas. Las había con otros gustos relacionados con la costura como era, por ejemplo, el calado, filtiré o el Richelieu, más conocido coloquialmente, como “rechilu”

La cuna del calado se encontraba entre los municipios de Agüimes e Ingenio, aunque también se podían encontrar grandes caladoras en Guía, Moya, Telde o Gáldar, en Gran Canaria, sin olvidarnos de las islas de La Palma, Tenerife o La Gomera.

Para realizar el calado se precisa de un telar, más o menos grande según las dimensiones del trabajo a realizar. Las mujeres se reunían en una casa que dispusiera de un patio grande donde pudieran estar varias juntas.

Unas calaban para vender por su cuenta o de encargo, para una persona que les pagaba lo anteriormente convenido. Estas personas les proporcionaban las telas y diseños. Existían también las repartidoras que recorrían las casas dejando telas y recogiendo los trabajos finalizados para luego venderlos.

El calado es una de las artesanías más complicadas y delicadas de las elaboradas por las mujeres. El proceso del calado es laborioso ya que primero hay que deshilar el tejido para luego rellenarlo dándole diferentes formas.

Estos trabajos se exportaban fuera de nuestras fronteras donde tenía mucha fama y eran muy bien acogidos y bien pagados.

A pesar de ser una artesanía muy arraigada en nuestras islas, no arranca de nuestros ancestros ni de pueblos aborígenes. Nos llega de épocas posteriores a la conquista de las islas, por lo que se cree que lo traen de pueblos peninsulares e incluso de Portugal.

Como final a estas notas. Debo decir que, la Artesanía Popular Canaria, así como la de cualquier otro país, merece todo el respeto y consideración pues con ello estamos respetando y recordando a nuestros mayores, sin olvidar que gracias a ella nuestros antepasados llevaron el pan a sus casas.

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