Con 'La Pluma del Faycan' para El Mostrador

Gregorio Viera: “Líderes o Jefes”

Anular a quienes desde la lealtad más absoluta no te ríe la gracia, demuestra quien es jefe, debiendo ser líder

Buenas tardes a todas y todos. Gracias por compartir una tarde más un comentario con otra visión, otros ojos, otra pluma. Hoy: “Líderes o Jefes”

No vengo a traerles un tratado, ni siquiera apuntes que denoten la diferencia entre las palabras que conforman en enunciado, líderes o jefes. Se trata de reconocer lo más elemental y que en todos los programas de liderazgo te enseñan y que según tus necesidades debes escoger entre liderazgo o jefatura, sobre todo en política. Ahí está la cuestión esencial, o se es autoridad impuesta que utiliza el poder para mandar, o lo lideras dirigiendo y motivando al equipo, sin imponer.

Y ya que estamos, es necesario aclarar ciertas posturas o comportamientos que flaco favor les hace al equipo cuando en vez de decir yo puedo ser útil, se manda; cuando en vez de inspiración, se dicta; cuando en vez de respeto, se es temido por revanchismo; cuando en vez de motivación, precisa obediencia; cuando en vez de creatividad precisa una organización técnica; cuando en vez de pedagogía se da órdenes. Generar confianza y entusiasmo debería ser sinónimos de certezas, convicción, seguridad, serenidad, tranquilidad y eso debe cultivarlo el líder. El mundo está lleno de jefes con aspiraciones de líderes, pero confunden el culo con las témporas.

A lo largo de toda la historia nos encontramos, demasiadas veces, con personas que creen que están iluminadas, llamadas para dirigir el mundo, para decirnos como tenemos que pensar, a quien creer, a quien adorar, son los mismos de siempre, el mismo perro con distinto collar. Son a los que denominamos jefes, a los que señalamos, a los que les mostramos pleitesía, son los mismos que confunden la voluntad del subordinado con su voluntad. No conquistan el liderazgo, abrazan el mando, porque le es más fácil señalar, para imponer su criterio haciendo posible que el trabajo sucio lo hagan otros. Que las contradicciones y su inseguridad eviten el reconocimiento del otro. El Jefe no escucha, no dialoga, no consensua, no equilibra, no obtiene el respeto por si, el conformismo de muchas personas en la sociedad ha permitido que mediocres jefes lideren el mundo, lideren sociedades avanzadas, sociedades mixtas, sociedades libres, equipos humanos llamados a transformar el mundo y sin embargo ese mundo tendría que pararse, o parar al jefe claro.

No se trata de un sortilegio, de una pueril ilusión que se pretenda del líder un comportamiento íntegro y coherente, es lo decente, me decía una amiga mía que huía como alma que la lleva el diablo de la política. El liderazgo se desarrolla a través de una progresión de tus capacidades, nadie nace líder, se construye, se gestiona a través de adoptar medidas eficaces orientadas al desarrollo personal que enaltecen las habilidades interpersonales para el desarrollo del equipo. Un líder no necesariamente tiene por qué ser la persona más visible de una organización. De hecho, no es obligatorio que ejerza dentro de un sistema como tal. La historia está llena de ejemplos de líderes de movimientos sociales o reivindicaciones que no pertenecían a sistemas o jerarquías establecidas. Telde atesora en si, un gran movimiento asociativo, líderes que han promovido cambios, porque motiva y acompaña a sus colaboradores sin necesidad de hacer visibles el poder o la autoridad. Los líderes no necesariamente son jefes, aunque lo ideal es que por sus capacidades ocupen dicho rango; a la vez, no todos los jefes tienen la capacidad de movilización de los líderes. A las pruebas me remito.

La escasa gestión de los conflictos, la poca cercanía, la falta de diálogo e interacción, el privilegio que asumen en tareas públicas, no como herramienta de transformación, por el contrario, exhiben su protagonismo con un tufillo autoritario. Las sociedades avanzamos hacia modelos de diálogo e interacción de doble vía, asumimos que los cambios hay que gestionarlos a través de la confianza, del liderazgo sosegado, inclusivo, participativo y sobre todo libre. Anular a quienes desde la lealtad más absoluta no te ríe la gracia, demuestra quien es jefe, debiendo ser líder, pero cuando miramos para otro lado y dejamos que otros, ¡esos otros!, que deciden por ti, demostramos que nuestra capacidad para liderar se ha quedado en el camino y si queremos, deseamos ser líder y llevar al grupo a las cotas más alta de éxito hay que despojarse de toda vanidad, de todo yoísmo que impida quebrar la confianza, no solo la confianza del equipo, la quiebra de la confianza en uno mismo…, con la pluma del Faycan.

Con la Pluma del Faycan_’Líderes o Jefes’

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