Colaborador María Sánchez

Opinión-María Sánchez: ‘Costumbres de mi tierra, la descamisada’

Se reunían mujeres y hombres, jóvenes y mayores, que con fiestas terminaban la jornada de las tardes grandes de verano

La descamisada o descamisa fue, durante muchos años, lugar de reunión en las casas de campo o cercados. Allí se reunían mujeres y hombres, unos jóvenes y otros no tanto, para limpiar la piña de todo su ropaje antes de tostar el grano y posterior molienda.

Estas reuniones solían llevarse a cabo en las tardes- noche de los días grandes. El propietario del cercado reunía a familiares y conocidos para que le echaran una mano en un trabajo que, normalmente, solía terminar en fiesta e incluso en más de una ocasión en noviazgo y posterior boda.

La piña se traía al lugar del trabajo y se dejaba caer en el suelo. Los y las trabajadoras sentadas sobre sacos o esteras, daban comienzo a la descamisada, que consistía en tirar hacia abajo de las hojas verdes que cubrían la piña.

Para esto había que tener fuerzas y jeito (maña, destreza habilidad) unas veces se amarraban por los troncos, y así, se ponían a secar en corredores o palos preparados para tal fin.

En otros, por el contrario, se les quitaba toda la camisa y la piña se extendía en los patios para que el millo se secara esperando el momento de desgranarlo.

Como digo al principio se reunían jóvenes, chicas y chicos solteros la gran mayoría, quienes entrada la noche y para que las horas fueran más llevaderas, cantaban nuestras canciones canarias acompañadas de guitarras o algún timple que aparecía sin saber de dónde.

Cuando la cosa se iba animando pasaban a las canciones picadas, alguna rayando en lo picante cosa esta que a las madres les cambiaba el carácter poniéndolas de mal humor.

Como muestra les dejo unas letras de aquellas canciones, que a las madres hacían cambiar el color, pero a la juventud la entretenía.

Anoche me dio las doce empaquetando tomates, esta noche me dará conversando con mi amante.

Eres boba y consentida que te consientes del aire, que tu novio te ha dejado porque no tienes vergüenza.

Allá abajo viene un barco cargado de zagalejos para comprarte unas bragas que no tienes sino rejos.

Esta era una de las distracciones que hacían que el trabajo resultara más llevadero.

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